El sábado 21 de abril se celebró en el Centro de Espiritualidad del Santuario de Loyola un encuentro en torno a las «bases para la inculturación en la cultura y lengua vascas». Dentro del proyecto intersectorial sobre inculturación que desarrolla la PAT Loyola se está elaborando un documento que sirva de marco general para impulsar el compromiso con la inculturación desde una triple perspectiva ― institucional, histórica y espiritual― y que recoja algunas orientaciones para abordar los retos y dificultades que la inculturación acarrea en nuestro contexto. Después de un trabajo previo con un primer borrador del documento, una veintena de personas invitadas por la Comisión de Inculturación de la PAT pudieron hacer contribuciones al texto y dialogar sobre las razones profundas que nos mueven en este ámbito.


La sociedad vasca ha sufrido una rápida secularización que, además, ha afectado de manera especialmente profunda al mundo euskaldun. Pero también en ese contexto reconocemos a Dios manifestándose a través de una cultura minorizada y herida, sí, pero que ha vivido en las últimas décadas un asombroso proceso de normalización al que han contribuido también los esfuerzos de muchos jesuitas. Explicitar las bases sobre las que la Compañía —desde la espiritualidad de los Ejercicios— está llamada a comprometerse con las culturas y la manera en la que esa llamada se concreta en un contexto de creciente diversidad como el nuestro es un primer paso para abordar nuevas iniciativas. El proyecto intersectorial de inculturación ha definido ya dos líneas de trabajo: una hacia el interior, en la Compañía y sus instituciones, y otra hacia el exterior, a fin de discernir qué nuevas llamadas sentimos con la vista puesta en el mayor servicio a la Iglesia y a la sociedad.


El delegado de la Plataforma Territorial, José Javier Pardo SJ, señaló lo mucho que nos jugamos en este tema en una plataforma territorial que tiene como principal cometido, precisamente, responder al «contexto propio de misión» de nuestro territorio. También indicó que la inculturación que pretendemos es la que se enraíza en la teología de la encarnación: «Dios se hizo carne» se puede entender como «Dios se hizo cultura», y la humanización plena que pretendemos no puede darse a-culturalmente. Es esa la visión que recogió el Proyecto Apostólico de la Provincia de España al imaginar una Compañía de Jesús caracterizada por estar «pacíficamente integrada, en nuestra pluralidad de nacionalidades y regiones, de culturas y lenguas, desde la vocación que compartimos».


La jornada fue intensa y se debatió sobre multitud de aspectos que la Comisión de Inculturación —que forman dos jesuitas y tres laicos— deberá ahora trabajar para seguir desarrollando el documento y llevando adelante el proyecto intersectorial en su conjunto. Pero más allá de sus frutos sustanciales, el encuentro tuvo también un importante valor en sí mismo. Al despedirnos por la tarde reinaba un sentimiento de agradecimiento por la oportunidad de dialogar abiertamente sobre cuestiones que tocan aspectos fundamentales que no pueden darse por supuestos o quedar relegados si queremos ser fieles a nuestra propia identidad y a la misión que nos mueve.