Enviados por un Dios que habita en las fronteras

Aunque la acogida a los 160 participantes se produjo la víspera por la noche, este viernes comenzaron las sesiones de trabajo del tercer Encuentro de la Provincia de España que acoge el Centro de Espiritualidad del Santuario de Loyola.
Tras la oración inicial, el coordinador del encuentro, Alberto Ares SJ, delegado del Sector Social, recordó que el origen de los Encuentros de Provincia se encuentra en la última Congregación Provincial celebrada en 2015 –la primera congregación como Provincia de España—. También situó esta edición en el contexto de las últimas cartas del Padre General sobre la vida y misión, sobre el discernimiento en común y sobre el discernimiento de las preferencias apostólicas. Por último, señaló que los objetivos del encuentro no son otros que promover el sentido de cuerpo apostólico y misión compartida, hacer camino, dejarse acoger, dejar el ritmo diario, levantar la mirada y abrir los ojos a escuchar la voz de Dios. Los días de Loiola son un tiempo para crear comunidad en una provincia aún joven que da sus primeros pasos.
A partir de ese momento, la primera jornada estuvo dedicada a la llamada a acudir a las fronteras. Ignacio González Sexma SJ resumió cuales son las fronteras más importantes señaladas por las Plataformas Apostólicas de la Provincia. Pudiera pensarse que, en un mundo roto por las desigualdades, la frontera más acuciante debe ser la social, pero lo cierto es que las PAL han insistido particularmente en cuestiones como la transmisión de la fe a los jóvenes, el trabajo con familias o el diálogo con un mundo secularizado que no parece necesitar a Dios. Tras esas fronteras, aparecen también la exclusión, los migrantes y refugiados, la educación, la sostenibilidad y la comunicación.
Una mesa redonda aportó diferentes perspectivas sobre las fronteras. El delegado para la planificación, Patxi Álvarez de los Mozos SJ, explicó los diferentes tipos de frontera en las que la Compañía se hace presente: las fronteras de ascenso, las fronteras de descenso, la de la vida pública y la de la sostenibilidad; y nos invitó a hacernos presentes en ellas con una actitud de amistad —amistad que es encuentro, compasión, defensa de los últimos y lazos con las demás criaturas—. Esperanza Rangel, profesora en las escuelas San José de Valencia, compartió un ejercicio de contemplación de la frontera que ella tan bien conoce: la de alumnos con necesidades especiales y sus familias. Habló de la diversidad que representan chavales con autismo, síndrome de Down o asperger, y también de heridas sociales y personales que acarrean drogas, soledad, violencia, rupturas… Son fronteras a las que acercarse con los pies descalzos, dispuestos a aprender de quienes acogen la vida y la fe con la mayor sencillez, o a abrazar el dolor y acompañarlo. Por último, José Javier Pardo SJ, profesor de Deusto y delegado de la PAT Loyola, realizó una aproximación a las fronteras desde la teología. Conviene desechar la visión tradicional que nos llama a acudir desde «el centro» a «las periferias donde no está Dios». Muy al contrario, es Dios quien desde las fronteras nos llama allí, invitándonos a acompañarlo en sus desplazamientos. No es fácil estar en las fronteras –advirtió–: nos ocurre como a Tomás, a quién ante la aparición de Jesús resucitado le cuesta creer que aquel hombre que portó semejantes heridas pueda haber resucitado. Nos cuesta acudir a las fronteras y creer que los crucificados puedan ser fuente de vida.
Por la tarde Patxi Álvarez de los Mozos SJ ofreció una charla sobre el discernimiento y la planificación provincial. Esta incluye la renovación del proyecto apostólico, en un proceso que concluirá en febrero con la incorporación de las preferencias apostólicas universales de la Compañía; la evaluación y selección de ministerios, para el que se está elaborando un documento que sirva de herramienta; el desarrollo de las PAL, que llevará a una reorganización del mapa de plataformas; el desarrollo de los sectores; y la tarea de ir construyendo un cuerpo de Provincia, objetivo este último al que contribuyen los demás, pero que incluye iniciativas específicas como los ejercicios espirituales en clave de Provincia a los que se invita a participar a jesuitas y laicos este verano.
Tras la charla pudimos disfrutar de dos testimonios de vida. Fueron muy diferentes –una abogada catalana implicada en grupos de jóvenes y un jesuita guineano—, pero surgió la complicidad de quienes perciben la presencia de Dios entrelazada en cada episodio de sus vidas. Hablaron de sueños de juventud, dudas, encuentros, rebeldías, frustraciones, maternidad, choques culturales, sacerdocio, conversiones familiares, enfermedad,… en fin, la vida misma con sus luces y sombras, pero vivida con la esperanza y confianza de sentirse en manos de Dios.
A lo largo de la jornada hubo momentos para el trabajo personal, así como encuentros en pequeños grupos para sentir y orar sobre las diferentes fronteras. También se expusieron diversos proyectos –hasta quince—que se llevan adelante en diferentes puntos de la Provincia: voluntariados, portal de espiritualidad, Voces Esejota, Red Magis, Café Solidario, Escuela de Ciudadanía, etc. Todo ello lo pusimos ante el Señor en la Eucaristía, presidida por Ignacio Echarte SJ, que en la homilía expresó un triple deseo de que seamos capaces de crecer como comunidad en la Provincia, ser testigos alegres del resucitado en todos los ámbitos de nuestra vida y «echarnos al mar del servicio de aquellos que nos necesitan».
El broche final a la jornada lo puso Xavier Rodríguez SJ, que en su faceta de mago supo sacar una sonrisa de asombro a todos los presentes.

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